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09 junio, 2014

Culpable (Mini-relato)

Buenas a todos!
Hoy os traigo un mini-relato que escribí hace tiempo, titulado Culpable. Normalmente los relatos que escribo tienen una razón, pero este (y unos cuántos más) no tienen ninguna. Me salió del alma en uno de esos días en los que la inspiración me iba rondando y tenía que escribirlo si o si. Os lo dejo para que lo disfrutéis. Y ya sabéis, si os gusta, lo comentáis, y si no, también. Acepto críticas constructivas ^^

Sin más, os dejo el relato. ¡Disfrutadlo!


Culpable

No sabía de qué serviría aquello. Solo sabía que debía hacerlo. Por más que lo intentaba, no conseguía avanzar y alcanzar la luz al final del pasillo. Siempre se quedaba en el mismo sitio, contemplando como el mundo giraba y avanzaba. Todos avanzaban, excepto ella. ¿Por qué?

Nunca había hallado la respuesta para aquella pregunta. A decir verdad, nunca había profundizado en ella. Se había encerrado en sí misma, sin mostrar sus sentimientos, sin expresar sus pensamientos. Nada conseguía arrancarla del estado en el que se encontraba.

No sonreía. Hacía mucho tiempo que no encontraba una razón para hacerlo. Desconfiaba del mundo como de su sombra. Tan solo confiaba en sí misma, en su mente y en su corazón, aunque sabía perfectamente que no estaban exentos de la maldad humana. Pero eran su refugio. Ambos.

Se estaba dando por vencida. Total, ¿para qué servía seguir intentando avanzar, levantarse y dejar atrás la piedra en la que había tropezado? Pero, al fin y al cabo, seguía rumiando que era su culpa, como muchos le decían.

Al principio, no quiso creerlo, pero, cuanto más lo escuchaba, más sentía que tenían razón, que la muerte de la esperanza de su hermano era culpa suya. Ella había asesinado el brillo de alegría de su hermano pequeño.

Se consolaba pensando que había sido realista al decirle que no iba a salir de aquella enfermedad, que iba a morir. Ahora se daba cuenta de cuan equivocada estaba. Debía haber hecho reír a su hermano, animarlo a luchar. Pero no. Había fingido ser madura y actuar como la medico que era. A pesar de ello, lloró ante la tumba de su pequeño el día de su entierro.

Habían pasado tres años desde entonces y, alejada de su familia, de sus amigos, se iba consumiendo poco a poco en la culpa y los remordimientos, hasta que ya no veía razón alguna para seguir luchando. Escribía frenéticamente en su diario, tratando de ordenar sus pensamientos. Luego, arrancaba la hoja escrita y la quemaba. No debía quedar ni rastro de ellos.

Se consideraba necia, sucia, estúpida. ¿Qué más le daba a ella lo que pensaran los demás? Pues sí, le daba. A pesar de su avanzada edad, ella seguía anclada emocionalmente a las opiniones de los demás, al pensamiento de la sociedad actual en la cual, si te consideran culpable, eres culpable, aunque trates de convencerlos de lo contrario.

A veces, subía a la terraza, el lugar favorito de su hermano, solo para recordar aquellos momentos de juegos con él. Y, cuando empezaba a reflexionar sobre lo ocurrido, una ligera brisa le acariciaba el rostro. Se consolaba pensando que era su hermano, que le hablaba, aunque ella no podía entenderlo.

Y ahora, solo pensaba en reunirse con él, pedirle perdón. Y así lo hizo. Se hallaba en el cementerio, delante de la tumba de su hermano, arrodillada en el suelo contemplando las flores que había depositado momentos antes.

-Dime que me perdonas.- pidió en un susurro al viento gélido del invierno.

Cuando volvió a casa, descubrió algo extraño. Encima de su cama había un sobre que, al salir, no estaba. Lo abrió, pensando que alguien lo había dejado allí. Sus ojos recorrieron las líneas de una caligrafía familiar:

“Yo ya sabía que iba a morir, puesto que no había cura para la enfermedad que tenía. Nunca te he culpado. Es más, me dijiste las cosas tal y como eran. Fuiste honesta. No actuaste como médico, actuaste como hermana mayor. Levantate, que yo te estaré esperando con los brazos abiertos, con una sonrisa y una burla por tus canas por ser una venerable ancianita. Te quiere, tu hermano.



Ella se llevó una mano al rostro y lloró, sonriendo. 


¡Espero que os haya gustado! 

 

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