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29 enero, 2014

Mi mundo muere hoy


Buenas

Hacía mucho que no subía relatos. 
El relato original lo escribí hace un par de años a las tantas de la madrugada, como otros tantos. Hace un par de días que, no por casualidad, lo volví a leer y decidí alargarlo. Conseguí que fuera el doble de largo sin que afectara  en nada a la historia, es todo un logro. 

Puedes leer el relato original aquí.

Lo que se lee a continuación es mi interpretación de la canción "Tonight the world die" del grupo Avenged sevenfold. Uno de mis favoritos de esa época. 
Hasta el momento es mi primer y único relato que escribo interpretando directamente lo que me sugiere la letra de la canción. Me había inspirado otras veces en canciones pero nunca lo había hecho de esta manera.

Espero que os guste :)

Mi mundo muere hoy



Me despierto pero no abro los ojos, se que al otro lado de la cama ella aún duerme.
Me quedo tumbado de costado, dándole la espalda, y me concentro en escuchar como cae la lluvia. Cruel, con fuerza, llevándose consigo las ganas de continuar...

Decido hacer un esfuerzo e ir a su encuentro. Con cuidado, aparto un poco la sábana y dejo al descubierto uno de sus hombros. Alzo mi mano para acariciarla pero es inútil, la aparto antes de rozar su piel.

Miro las gotas de agua que hay en la ventana. ¿Debí dejarla cuando pude? ¿Hice lo correcto al seguir con ella? Después de tanto tiempo ya no se lo que siento...

La vuelvo a tapar y la dejo dormir. Yo me levanto para empezar otro día más.

En la cafetera aún queda café del día anterior. Lo sirvo en la taza de siempre y me apoyo en la encimera para tomármelo con tranquilidad. Otra vez mirando por la ventana... Cierro los ojos y por un momento imagino cómo sería ahora mi vida si hubiera tomado otras decisiones. Cómo sería mi libertad. Quizá podría haber llegado a ser feliz...

Su “buenos días” me saca de mis ensoñaciones. Me sonríe levemente, pero sólo por cortesía pues en el fondo sé que ella está igual de perdida que yo.

Algo me llama la atención, el recorte de un periódico en la nevera. Una esquela. La de su madre, a la que hacía poco más de dos semanas había tenido que dar el último adiós. La mujer que tanto había luchado por su hija para que pudiera salir adelante, la que tanto la había apoyado en sus momentos más difíciles, se había ido. Ya no estaba. Un surco más en el camino y otro vacío en el corazón. Suspiro. Eso ya da igual.

Búscame en mis mejores días para perderme de nuevo, en cierto modo... Esa canción sigue sonando en mi cabeza.

Una idea se forma en mi mente, algo se mueve en mi interior y tomo otra decisión. Equivocada o no, eso no lo se, pero es mi decisión.

Ella está al lado de la ventana, viendo la lluvia caer con la mirada apagada. En su interior sigue preguntándose cuándo me perdió. Me acerco a ella por la espalda y la tomo de la cintura. Se extraña. Dios ¿Cuánto hacía que no la tocaba? Demasiado tiempo. La vuelvo hacia mi y le acaricio la mejilla con el dorso de la mano. Su piel blanca ha perdido la suavidad de antaño pero de algún modo sigue siendo agradable y cálida.

- Lo intentaré – le digo en un susurro – Me llevará tiempo, pero volveré a amarte como antes.

Sólo seré libre en mi mente” Pienso para mis adentros, pero eso ya no me importa.

Buscame en mis mejores días para perderme de nuevo...

La beso suavemente para sellar mi decisión. Un beso efímero y ligero, más parecido a un roce entre nuestros labios. Nos miramos a los ojos, pero los suyos siguen igual de apagados y no puedo evitar sentir que es culpa mía.

Ella sigue sin decir nada, y todo lo que sale de mi boca es silencio.

Impaciente, cojo la taza que tiene entre las manos y bebo de ella en un intento de disimular mi decepción. Sé que yo mismo me estoy encerrando, pero no encuentro otra manera mejor para fingir que voy a empezar a ser feliz.

Dejo la taza en la encimera. Cuando vuelvo a mirarla su rostro esta surcado de lágrimas. Llora. La he hecho llorar. No lo entiendo. De todas las reacciones imaginadas esa era la última que esperaba ver. La atraigo hacia mi, haciendo que apoye su cabeza en mi pecho y la abrazo para consolarla pero lo único que consigo es que llore con más fuerza, así que la aparto un poco y, cogiéndola del mentón, hago que me mire. Mis ojos formulan la pregunta que mi voz trémula no acierta a decir.

¿Por que lloras?”

Ella pone las manos sobre mi pecho y, sin de llorar, me empuja suavemente para alejarse y darme la espalda. Sus cuerpo tiembla y sus sollozos me queman por dentro. Sigo sin comprender. Me acerco y le pongo las manos sobre los hombros, quiero que sepa que estoy ahí, que ya no me es indiferente. Ella se revuelve para que deje de tocarla y al poco se vuelve hacia mi. Hace un mohín al apartarse las lágrimas de la cara y se lleva la mano al bolsillo, del que saca un pequeño bote para enseñármelo. Veneno.

Mi corazón se para durante un segundo para volver a latir con fuerza después. Pensaba irse para siempre, dejarlo todo, huir... y ahora me llevara con ella.

No puedo evitar reír. Una carcajada sincera que me nace desde alma. Ella me mira incrédula, sus lágrimas aún ruedan por sus mejillas pero ahora más parsimoniosas. Yo la miro a los ojos sonriendo, le seco las lágrimas rezagadas con cariño y la beso como nunca antes lo había hecho. Con ternura, con pasión, con fogosidad. Un beso que nos deja sin aliento a los dos cuando nos separamos.

- Huiremos juntos

Le digo al tiempo que junto mi frente con la suya. Ella sigue incrédula pero una sonrisa tímida aparece por la comisura de sus labios.

La llevo a la cama para hacer el amor por última vez al son de la lluvia, que sigue cayendo con furia. Nos reconocemos con cada caricia, cada roce en nuestra piel es un mensaje secreto que dice “te echaba de menos”.

- Perdona todo lo que he hecho – le digo entre besos, roces y caricias – perdona todos mis errores. Pues nuestro mundo acaba hoy.

Sí” Pienso, mientras me dejo llevar por las olas del placer. “Mi mundo muere hoy”.



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